jueves, 15 de septiembre de 2011

Este y aquel

Primero de mayo de 1909 los anarquistas ocupan totalmente la Plaza del Congreso.
Frente a ellos, está nada menos que el coronel Ramón Falcón al frente de su caballería, los cosacos,
como serán llamados por los obreros.

La represión es cruel; Caen ocho obreros muertos y ciento cinco heridos Entre los manifestantes está un adolescente, un ruso llamado Simón Radowitzky y en el once de noviembre de ese año,
hará volar por el aire con una bomba al coronel Falcón y a su secretario.

El país se conmociona, el anarquista es apresado y pasará veintiún años en Ushuaia, la Siberia argentina.
Será el mártir, el santo de la anarquía, cantado por todos los payadores libertarios.







Simón nació en un tugurio
de un pueblo, de un continente
como nace una simiente
por una ley natural.
Sin patria como el progreso
como es el arte y la ciencia
el amor y la conciencia
sin patria como el ideal.

Falcón nació en un palacio
sonriéndole la fortuna
meciéndose en blanca cuna
de pequeño Napoleón.
Éste reconoció patrias
y misiones en la tierra
fue profesor en la guerra
coronel de la nación.

Simón como hombre de ideas
con conceptos libertarios,
divulgó en los proletarios
el amor y la igualdad
una universal familia
de cultos trabajadores
sin esclavos ni señores
sin leyes ni propiedad.

Falcón como buen soldado
con arcaicos oropeles
propagaba los cuarteles
a la patria nacional
y así requería patriotas
debajo de su manto
fueran a su voz de mando
una avalancha mortal.